Notas sobre el incendio en Villuercas e Ibores
Notas sobre el incendio en Villuercas e Ibores
ANGEL (01/08/2005)
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Al norte de la provincia de Cáceres se encuentra uno de los últimos bosques mediterráneos bien conservados del país. Aquí en mi pueblo, encinas, alcornoques, madroños, robles, castaños, brezos, quejigos y otras especies xerófitas y atlánticas rivalizan por cubrir las laderas, tapizando hasta donde pueden los amplios canchales.
Viviendo encajonadas entre altas sierras de cuarcita y pizarra de singular belleza, y ocultando en sus espesuras una rica fauna con especies emblemáticas ya muy escasas. En lo profundo de sus valles, entre umbrías y manantiales, se refugian también especies vegetales de alta singularidad, reliquias del clima subtropical como el que reinaba en toda Europa en la época terciaria, como los loros (prunus lusitanica), helechos de gran altura y otras rarezas que conviven en las orillas de los limpios ríos donde acostumbramos a bañarnos.
CONTINENTE Desde luego, esto es un gran tesoro, si analizamos y lo comparamos en profundidad con la naturaleza del resto de nuestro industrializado continente europeo, un tesoro aún por descubrir pero sobre todo por comprender. Sí, porque no hay nada como tener las cosas siempre al alcance de la mano para no valorarlas, para no molestarse en comprender su riqueza, para no acercarse a la cultura del conocimiento y admiración de las mismas, para tratarlas incluso con desdén y desidia. Esta es la realidad de mucha de la gente que ha permitido construcciones ilegales, métodos de cultivo agresivos al entorno, basureros y carriles clandestinos, falta de depuradoras y un largo etcétera de agresiones que no parecen importar a unos políticos que además se amparan en esa falta de presión social para escatimar recursos y abandonar a su suerte a una comarca.
No es de extrañar que el colofón de este cúmulo de desmanes sea un pavoroso incendio provocado en lo más caluroso del verano, un día de viento, con varios focos casi simultáneos, fruto calculado de una o varias mentes obtusas, gente sin alma y sin sentimientos, símbolos aunque nos pese de toda esa indiferencia social y política de la que hablé antes. Ellos o él hicieron suyo el más absoluto de los vacíos a los que se puede llegar como ser humano: el rechazo y la indiferencia a la tierra que le sustenta, alimenta y acoge, quemándola, destruyendo por muchísimos años su potencial ecológico, justo en un momento histórico en el que el clima está enrareciéndose. ¡Vecinos! Es un buen momento ante una catástrofe como esta, para abrir los ojos, actuar, presionar a nuestros políticos, exigir de una vez por todas la adecuada gestión de lo que aún nos queda vivo en nuestro territorio. Animo y a luchar por ello con toda nuestras fuerzas...







